LA ESTADISTA

LA ESTADISTA
Compañera Cristina Fernández de Kirchner

lunes, 25 de junio de 2012

UNA NOTA DE MI AMIGO ESPECHE



La conducción de la principal central obrera organiza una maniobra desestabilizadora contra el gobierno que más hizo por los trabajadores en las últimas décadas. Un análisis desde la dinámica política del Bloque Histórico Kirchnerista

Por Ernesto Espeche (*) | La presidenta argentina Cristina Fernández adelantó su retorno al país antes de lo esperado: canceló su disertación en la Cumbre de Río+20, en Brasil, para atender in situ las urgencias desatadas a partir de un reclamo del sindicato de camioneros que paralizó el abastecimiento de combustibles en el territorio nacional.
Si un espectador foráneo o un observador desprevenido se quedaran con la foto política de un año atrás no podrían explicar con cierta facilidad esta situación.
Meses atrás, Hugo Moyano se reconocía públicamente como uno de los pilares del proyecto político iniciado en 2003 por Néstor Kirchner y profundizado por Cristina Fernández desde 2007. Por entonces, el líder de la Confederación General del Trabajo (CGT) llamaba a votar por la presidenta y movilizaba a los trabajadores para defender el modelo nacional y popular frente a los intentos desestabilizadores de la oligarquía.
Sus posiciones “duras” en relación al sostenimiento del rumbo gubernamental le costaron innumerables operaciones mediáticas en su contra. En ese sentido, son incuantificables las tapas negativas que el diario Clarín le dedicó como parte de su estrategia deslegitimadora de los referentes más visibles del arco social oficialista.
La central obrera, más allá de la figura de Moyano, fue un actor central en el nuevo Bloque Histórico Kirchnerista (BHK) diseñado al calor de las trasformaciones impulsadas desde hace nueve años. Los trabajadores organizados, los jóvenes que (re) descubrieron la política, los movimientos sociales, la intelectualidad crítica y las empresas productoras de bienes y servicios para el consumo interno se constituyeron, en conjunto, en el sujeto central de la nueva etapa.
Ese escenario posibilitó una marcada mejoría en la calidad de vida de los trabajadores argentinos. La ecuación es inapelable: más ocupación, mejor remuneración y presencia activa en los espacios de negociación sectorial. Incluso, dentro del ideario oficial que da sustento al relato kirchnerista e identidad al proyecto transformador se puede reconocer al “trabajo como motor del crecimiento con inclusión”.
Sin detenernos en la biografía personal de Moyano –tarea infructuosa por el riesgo a la personalización y/o simplificación- ni en la historia de la tensión entre la principal central obrera y el peronismo en el poder –enfoque de excesiva complejidad para las dimensiones de esta nota-, podemos pensar al último paro de camioneros como el punto más alto del conflicto entre la actual conducción de la CGT y el resto de los actores que coexisten en el BHK.
Con ello queremos decir que los trabajadores son parte de un conglomerado cuya diversidad no admite posiciones monolíticas. El reclamo por la elevación del mínimo no imponible para los trabajadores de ingresos medios y altos, por ejemplo, es legítimo, tanto como la generación de políticas redistributivas, como la Asignación Universal por Hijo, que avancen en la inclusión de aquellos sectores que aún sufren las consecuencias desbastadoras del modelo del ajuste infinito.
No se trata, en esencia, de planteos contradictorios. Se trata, más bien, del reconocimiento de las coordenadas que intervienen en la puja política –en las relaciones de fuerzas- frente los enemigos del proyecto. Parte de ese reconocimiento implica la difícil tarea de evitar que los matices al interior del BHK sean capitalizados por los sectores que apuestan por una salida conservadora mediante prácticas destituyentes.
El reclamo del sindicato de camioneros y las apelaciones desmedidas de la conducción de la CGT desbordan el espacio simbólico que contiene a las diferencias de enfoque dentro del bloque transformador para participar, de modo activo, de las estrategias desestabilizadoras. La escena televisiva que muestra a Moyano llamando a un paro desde las pantallas del Grupo Clarín habla por sí sola.
Es decir, el desabastecimiento como método juega en un terreno objetivamente contrario a los intereses de los trabajadores, no solo por las consecuencias materiales de la medida sino por su capitalización por parte de los poderes concentrados, los mismos que, cuando gobernaron el país, pisotearon las conquistas históricas de las clases populares.
La clave del corrimiento político de Moyano está, primero, en su enfrentamiento con los sujetos que participan del BHK y, segundo, en el desconocimiento de la conducción política del proyecto que más hizo por la dignidad de los trabajadores en las últimas décadas.
Tampoco puede soslayarse el escenario de la interna de la propia CGT. El actual Secretario General apoya las posibilidades de su reelección en una alianza con los dirigentes opositores al gobierno -rancios exponentes de la vieja estructura entreguista-, en un acuerdo con una minoría díscola de la Central de Trabajadores Argentinos -CTA disidente- y, en el plano extra-sindical, en las organizaciones políticas y sociales más identificadas con la reacción. Moyano espera, entretanto, una señal positiva de algún sector del Partido Justicialista dispuesto a caminar por una aventurada y extemporánea construcción postkirchnerista. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, ofreció para ese cometido los terrenos movedizos de sus indefiniciones ideológicas.
La articulación con la oligarquía desestabilizadora sería, para Moyano, un final político poco decoroso si pensamos en el lugar que le asignó la historia. Más allá de su suerte, los trabajadores, en tanto parte del núcleo del proyecto nacional y popular en curso, deberán reencontrarse con una nueva representación. La profundización del rumbo transformador, en todo caso, también descansa en la renovación de los cuadros dirigenciales de manera que estén a la altura de los desafíos presentes.
(*) El autor es Director de APAS, docente e investigador universitario, Doctor en Comunicación de la UNLP y director de Radio Nacional Mendoza