LA ESTADISTA

LA ESTADISTA
Compañera Cristina Fernández de Kirchner

miércoles, 12 de diciembre de 2012

EL PUEBLO INEXORABLE




Hoy por la mañana el diario Página 12 imponía en líneas de Aliverti números por lo menos escandalosos, o quizá aliviadores para quienes temen y rezan a diario por los intereses de las corporaciones: un 22 por ciento arriba en valor accionario para el grupo Clarín en las últimas semanas, que mientas se desgarró tapa tras tapa por la falta de libertad de expresión y la persecución judicial, acomodó las fichas como en el Teg, para cuidar su quintita con la mano de un que otro juez de cabotaje, y por si acaso, valer mucho y bien.

Mientras tanto, Morales Solá baraja sus líneas en términos de “guerra”, “caprichos presidenciales”, y se pregunta: “¿qué necesidad grave e institucional se esconde detrás de los plazos de desinversión de una ley de medios audiovisuales?”, para luego contestarse: “Ninguna”. Es aquí cuando los periodistas ultra defensores de los intereses corporativistas y de las desestabilizaciones mediáticas siempre direccionadas de un grupo empresarial, aprovecha su frialdad intelectual para plantear la encrucijada judicial como capricho, sin ninguna necesidad de urgencia.

Tal vez muchos de estos comunicadores, que han perdido la memoria de sus batallas progre y la han cambiado por suman estrambóticas de dinero, olvidan que detrás de toda Ley bien cumplida hay necesariamente cambios, que podrían resultar paradigmáticos. Ni que hablar de la espera de años de injusticia mediática que llevan miles de trabajadores en la comunicación e incluso el propio pueblo argentino, pero en fin, esas son minutas, para Solá no hay urgencia.
 La Corte Suprema de Justicia demoró para el dia siguiente la desición sobre el per sátum, solicitado por el gobierno, en pos de evitar semanas o meses de demoras en el cumplimiento del artículo 161 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Mañana sabremos como sigue el procedimiento legal.

Pero en el terreno de lo ideológico, lo simbólico y lo social, con o sin Ley, Clarín seguirá siendo Clarín. Incluso seguirá mintiendo cotidianamente y mucha gente seguirá comprando. No hay un solo punto en la Ley que pueda impedir ello. Pero talvez si algún día acataran la norma y terminaran con tanto circo judicial, podríamos develar el misterio, de qué pasaría con una repartija un tanto más equitativa del espectro radial, gráfico y audiovisual. Qué pasaría si otros medios, con otras formas de contar el mundo dieran batalla en términos de consumo y venta. Qué pasaría si Clarín deja de ensañarse contra la ley, y para con las balas al Estado. Qué pasaría si Clarín dejara de concebirse como empresa, y se dedicara a hacer periodismo, bajo el cumplimiento de la Ley.

Hace ya mucho las corporaciones dejaron de balear al oficialismo para proteger sus intereses. Y fue hace mucho, porque llevan demasiado tiempo sorteando la ley, dándole al Estado un pedazo más de descrédito, de vapuleo institucional. Y el Estado no es el gobierno actual. El Estado somos todos. Son los jueces y es el gobierno, y también es la gente.
Ayer no se festejó más que un año nuevo de democracia. No se hizo otra cosa que bailar, festejar y apoyar a una gestión que se ganó millones de adhesiones convencidas de que es éste el camino y no otro propuesto por políticos que en la marea ideológica pisotean hoy su registro moral, en busca de hacer perder crédito al de enfrente.

Pero cuando la disputa se pone brava, los pingos se ven en la cancha y la representatividad escandalosa y alentadora con la que gestiona el gobierno abruma. Miles de almas agrupadas y no agrupadas asintieron con aplausos el apoyo frente a cualquier demora que pueda tener la aplicación de la Ley. El mensaje de la mandataria es claro: con odio no se construye absolutamente nada. Y si algo no asistió a la fiesta de anoche, fue el odio. Una masa insipiente de ciudadanos argentinos se manifiesta inexorable. Clarín podrá frenar la desinversión, pero hace ya mucho tiempo que no ha podido frenar su descrédito intelectual. Ya no voltean a un gobierno con cuatro tapas, y talvez sea eso lo que más los asusta.

de misobrina AYELÉN BERDIÑAS