LA ESTADISTA

LA ESTADISTA
Compañera Cristina Fernández de Kirchner

lunes, 9 de julio de 2012

HACE 196 AÑOS ... EN TUCUMÁN



por Juan Manuel Pignocco.

El 9 de julio de 1816, hace 196 años, en Tucumán, los hombres revolucionarios de estas tierras lograron declarar la independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica.
Llevaban ya seis años de gobierno propio, pero el período estaba signado por la guerra contra el poder realista español, que no estaba dispuesto a perder sus dominios, y los conflictos internos entre sectores que pugnaban por diferentes proyectos de país, lo que generaba una gran inestabilidad política.
Algunos datos no tan conocidos son importantes para comprender lo emblemático y significativo de aquél hecho.



Uno de ellos es que el proyecto más radical e interesante, era sin duda el de Belgrano, quien asociaba la independencia política a una reforma profunda de las condiciones económicas imperantes en el virreinato, es decir, la repartición democrática de la tierra. Teniendo en cuenta las raíces históricas de los sectores populares, y la necesidad de ganar legitimidad para defender la revolución, Belgrano propuso coronar un rey Inca, Juan Bautista Tupác Amaru, al mando de todo el territorio de las Provincias Unidas de Sud América. Coronar un Rey Inca justamente permitía resolver el tema de la distribución de la tierra porque la base de la nación incaica era la propiedad estatal no sólo de las tierras sino también del agua, las simientes, las herramientas, los recursos y los productos. EL proyecto permitía a su vez incorporar a la nación artiguista, que defendía fuertemente la bandera de la federación y la república. La Monarquía Inca sería una monarquía constitucional, con una cámara vitalicia de Caciques y otra de diputados electos, y se suponía que debía ser bien tomada por las masas indias guaraníes y charrúas que componían la mayoría de las tropas del general oriental.
Aunque fue aprobado por el Congreso, los diputados de Buenos Aires se resistieron e impidieron esa forma de gobierno. No solamente estaban en juego prejuicios raciales para explicar esa ferviente oposición, sino también, diferencias concretas respecto de los proyectos económicos que estaban en disputa. La importancia de la población nativa en el proceso revolucionario sí quedó plasmada en el hecho de la que Acta de Independencia fue redactada en castellano y en aimara.

La oposición de Buenos Aires, y de los criollos terratenientes asociados al comercio de exportación e importación, demostraba cómo, a pesar de la tan luchada independencia política, la supervivencia y profundización del latifundio sentarían las bases para una relación dependiente del comercio exterior con las potencias, y hacia fin de siglo XIX, de los capitales y manufacturas británicos.
El otro elemento interesante es que unos días después, se le agregó una enmienda al Acta de Independencia. Previendo la injerencia británica en la región, se consignó especialmente no sólo la independencia de España, sino “de toda otra potencia extranjera”.

Con la derrota de los proyectos más democráticos, la Argentina independiente políticamente no transformó la estructura latifundista, y los terratenientes que se fueron haciendo cada vez más poderosos, armaron un proyecto caracterizado por la dependencia en las nuevas condiciones del sistema internacional, que tuvo su apogeo a principios del siglo XX.

Las guerras mundiales mostraron el fracaso y la fragilidad de esa economía dependiente, y los sectores populares fueron logrando la participación política vedada por la oligarquía. Fue por eso que Perón,  ya siendo presidente, planteó que en su gobierno debía lograrse la Segunda Independencia. El 9 de julio de 1947, se promulgó en la misma Casa histórica de Tucumán donde se había declarado en 1816 la Independencia Política, el Acta de la Independencia Económica. Era la consagración de triunfo de un proyecto que por primera vez recuperaba la soberanía de los recursos y de los servicios para la población, se deshacía del perverso mecanismo del endeudamiento externo, ponía el motor de la economía en el mercado interno y el impulso a la industria y afirmaba la independencia en el sistema internacional, especialmente frente a los organismos internacionales de crédito.

Allí dice textualmente en el preámbulo:

“Nos, los representantes del pueblo y del gobierno de la República Argentina, reunidos en Congreso Abierto a la voluntad nacional, invocando la Divina Providencia en el nombre y por la autoridad del pueblo que representamos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra la justicia en que fundan su decisión, los pueblos y gobiernos de las provincias y territorios argentinos, de romper los vínculos dominadores del capitalismo foráneo enclavado en el país y recuperar los derechos al gobierno propio de las fuentes económicas nacionales”.

El derrocamiento de Perón, los posteriores vaivenes políticos y económicos, y finalmente el modelo neoliberal que comenzó a instalarse desde la última dictadura militar y que se consolidó con el menemismo nos alejaron de aquélla independencia.

Hoy  retomamos esas banderas, apoyándonos en el camino que Néstor y Cristina abrieron, el camino de una Argentina independiente, democrática, y unida a América Latina, como lo soñaban Belgrano, Castelli, Moreno, Monteagudo, Güemes y San Martín. Estamos recuperando resortes claves de la economía nacional: empresas como Aerolíneas, Agua y Saneamiento, YPF, y nuestro sistema jubilatorio. Hemos pagado la deuda que teníamos con el FMI y nos condicionaba a seguir sus dictámenes económicos, hemos recuperado el mercado interno y el consumo como motor del crecimiento, y finalmente, estamos logrando reposicionarnos en el sistema internacional, con una política de derechos humanos y de igualdad de avanzada en el mundo,  de la mano de nuestros países hermanos, y reclamando nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas.

Confío, estoy convencido, y tengo fé, que será el peronismo, en esta oportunidad, el que concrete la independencia en los ámbitos en los que todavía nos falta, porque históricamente y en la actualidad, es el único proyecto que la tiene como bandera inclaudicable.

Un fuerte abrazo, Juanma.